

Deixo una mostra d’alguns textos i algun collage.
lámina XXIV
De sus obsesiones
acuáticas surge el inicio de Pez soluble
de Breton y la novela collage Una semana
de bondad de Ernst. En su honor Jacqueline Lamba se convirtió en una
bailarina subacuática, Dalí salió a escena con una escafandra de buzo, Desnos
escribió La estrella de mar, y
Foujita tatuó una sirena en el muslo de Youki. Bajo la impresión de los sueños
sobre las conchas Artaud creó el guión de La
concha y el reverendo. Leonora de la Cruz y Germaine Dulac pertenecen a las
pocas mujeres importantes en la historia del cine surrealista. Al lado de
Alicia en el País de las Maravillas, de la monja portuguesa y de la
pintora-médium Hélène Smith, Leonora inspiró una de las figuras de la primera
versión de las cartas marsellesas, convertida después en el heraldo de la
revolución en la realidad: Pancho Villa. De la santa quedó en el tarot la
estrella negra que simboliza el sueño – en sustitución de uno de los colores
tradicionales.
lámina XXV
La Oficina de
Investigaciones Surrealistas se encargaba oficiosamente de recopilar las
reliquias de la santa. El mayor tesoro era un paraguas que seguramente fue de
ella, inmortalizado en las fotografías de Man Ray. Un acontecimiento
sorprendente en la historia del movimiento fue el robo de las ruedecitas del
lecho transportable de Leonora que llevó a cabo el poeta Benjamin Péret en la
iglesia de Alba de Tormes. Aún hoy en día se desconoce por qué ese anticlerical
declarado ofreció su botín a la basílica del Sacré-Coeur, odiado por todas las
vanguardias.
lámina XXX
Leonora de la
Cruz se convirtió para los surrealistas en objeto del deseo y del amour fou en su forma más pura. En las
mujeres que adoraban se pueden encontrar sin dificultad los rasgos de ella.
Nadja, Georgette, Musidora hipnotizada – todas tenían el poder de la
clarividencia. Eran mucho más un estado del espíritu que una persona. También
se caracterizaban por ser enigmáticas como su patrona.
Philippe Soupault
Philippe Soupault (1887-1990), poeta, prosista, periodista, junto a Breton y a Aragon uno de los Tres mosqueteros que inventó el surrealismo. El primer Manifiesto lo abre una descripción de cómo Soupault (poniendo en práctica la poesía) se buscaba a sí mismo en direcciones fortuitas. Fue excluido del grupo ya en 1926 (por escribir novelas, fumar cigarrillos ingleses y por su falta de entusiasmo por el comunismo y las sesiones de espiritismo). La vida le reportó muchos encuentros inesperados: fue el único surrealista que subió al mismo ascensor que Hitler en el hotel Adlon; que tuvo a Nijinsky en la habitación contigua en el sanatorio; que en París compartió la habitación de un hotel con el espíritu de Baudelaire que había vivido allí. Su novela Las últimas noches de París (1928) constituye, junto a Nadja de Breton y Un campesino de París de Aragon la trilogía surrealista de París. Soupault consideró, con razón, que había tenido siempre mala pata. Está enterrado en el cementerio del único barrio que no le gustaba, Montmartre.
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